
Ponders, yet you’re undecided,
I sprinkle looks to let you know,
Pain is a wave, come on, let’s ride it…
He estado pensando Cesar, cada vez creo menos en la figura del arquitecto moderno. Estoy más convencido día a día de que en esta realidad hay más campo para un especialista ingenieril del espacio, un solucionador profesional que lejos de del pensamiento crítico dedique sus labores a la solución inmediata de problemas espaciales/constructivos. Esta figura de ingeniero del espacio es la respuesta (subversiva al fin y al cabo) a las plegarias de quienes contratan a un arquitecto hoy en día en Costa Rica (esta generalidad no aplica a todos, aclaro) (es una pena que el desmadre de ciudad que tenemos sea producto nuestro, bien merecida nuestra reputación de mediocres y de sumisos).
Ahora bien, no digo esto en aras de defender al arquitecto o de excusar el pobre desempeño de nuestra arquitectura moderna costarricense. Lo digo porque no tiene sentido luchar en contra de lo que se solicita de aquel arquitecto que piensa y soluciona críticamente. Aquel es plegado, desdoblado en una figurilla que copia modelos de revistas, una figura que no diseña, solo organiza, no detalla pero si escoge, no se familiariza con su obra, pero sí con su catálogo infinito de materiales y empresas y subcontratos y … La arquitectura se ha convertido en una anorexia, un laberinto, un medio legitimado para nunca poder llegar a un ideal deseado…
Y es que el arquitecto constructor-pensador, el arquitecto romántico es cada vez más escaso, no por ello menos valioso. De hecho, es más valioso a mis ojos al menos. Quiero decir con esto que hay excepciones a todo este asunto. No le son todos los arquitectos pertinentes a esta carta.
A todo esto, hay campos nuevos desarrollar nuestro censurado pensamiento crítico y propuesta (o como se quiera llamarle a aquello que conforma el pensamiento del arquitecto)… Cada vez trabajamos más con aquello que es efímero, con las interacciones, con lo digital o virtual, con la información, con data y datos… Cada vez podemos dedicarle más a trabajar con ideas, sin llegar a la construcción necesariamente, sin llegar a lo sólido (tal vez). Ahora más que nunca el arquitecto no es “arquitecto”. Podemos entonces trabajar arquitecturas efímeras, invisibles, distantes del ruido de la calle, buscando una tangente inteligible para quienes vemos lo absurdo en nuestro contexto y no queremos asistirle.
¿Por donde comenzar?
Saludos,
Jean.